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1 La historia

Los primeros usos de las algas en la historia

An implijoù kentañ eus ar bezhin en amzer dremenet

Como Bretaña alberga uno de los mayores « campos » de algas de Europa, su recolección fue durante siglos una actividad esencial para las poblaciones pobres que vivían en el litoral, como aquí, en el país del Léon.

En su origen, las algas servían sobre todo para enriquecer los suelos. Gracias a su uso, el Léon es famoso por sus cultivos hortícolas, sobre todo en una zona llamada el « cinturón dorado ». A veces también se empleaban como combustible, en las zonas donde escaseaba la madera.

Poco a poco, los industriales empezaron a aprovechar los descubrimientos científicos. Primero las algas sirvieron para la fabricación del vidrio. Después, el descubrimiento del yodo en las cenizas de algas dio trabajo a miles de personas durante más de un siglo. Por último, en la segunda mitad del siglo XX, la industria del yodo fue sustituida por la industria de los alginatos.

Tres tipos de algas, tres formas de recolectar

Las algas se recolectan de forma distinta según su accesibilidad en el litoral y según la estación del año. Se distinguen:

  • El alga de arribazón (goémon épave): todas las algas, sin distinción de especies, arrancadas por el mar y varadas en la playa. Se recogen con el rastrillo de playa. Sirven mayoritariamente para el abono de las tierras agrícolas.
  • Las algas de ribera (algues de rive): las que crecen sobre las rocas de la zona intermareal, ese espacio que queda al descubierto entre la pleamar y la bajamar. Entre ellas, el alga negra (goémon noir) reúne una gran variedad de algas pardas utilizadas sobre todo como fertilizante. También se encuentra el pioka, un alga roja utilizada como gelificante.
  • El alga de fondo (goémon de fond): las laminarias, algas pardas situadas sobre los fondos rocosos y cubiertas de agua permanentemente. Se recolectan en el mar, desde barcos adaptados.

El país de los recolectores de algas

Esta historia transcurre en una franja de costa muy concreta, al noroeste del Finistère: el Bas-Léon y el Haut-Léon, con el país Pagan y el país de los Abers, frente al archipiélago de Molène y a la isla de Ouessant.

Argenton, Porspoder, Lanildut, Portsall, Plouguerneau, Kerlouan, el Aber-Ildut, el Aber-Benoît, el Aber-Wrac’h: otros tantos puertos y playas donde las familias vivieron al ritmo de las mareas y de las temporadas de las algas.